19XX. Está lloviendo y se que Dios me mira. Es el mes de mayo y tengo veintiún años. El concierto se ha interrumpido por una lluvia cálida y brusca. En cuestión de segundos, la chopera del retiro se ha convertido en un inmenso charco. Casi todos los presentes han huido despavoridos hacia los árboles intentando cobijarse debajo de sus hojas . En el escenario , los instrumentos descansan guarecidos en una de las esquinas separados por una mampara transparente . Ni siquiera me he dado cuenta de que estoy sola. He empezado a cantar Singing in the rain inventándome todas las palabras. La berreo a pleno pulmón mientras la bailo, con los ojos cerrados o mirando al cielo, en círculos concéntricos imitando a Gene Kelly . Me gusta el caos. En el desastre me encuentro como pez en el agua. ¿Qué más da si llueve cuando la vida te pertenece? Soy la actriz principal de mi propio destino o, al menos, eso creo en ese preciso instante. Recibo la lluvia como una bendición. Me complacen las cosas inesperadas que alteran las rutinas. Es primavera, tengo la vida por delante y esa vida me encanta. Tengo la sensación de que Madre-Vida me ama con desmesura.
Una lluvia de mayo no puede sino celebrarse. Estoy viva , huelo, palpo, miro y, lo que es mejor, soy consciente de todo ello de una forma pueril y holística. Tengo la intuición de que los problemas reales están tan lejos de este parque como de mi vector temporal. Hay olor a hierro oxidado, mis zapatos empapados, los calcetines convertidos en una especie de amalgama de algodón. Mi pelo son algas. Las gotas de lluvia me resbalan por la cara haciendo escalón en mi puntiaguda nariz. Canto Singing in the rain como un mantra. No puedo parar de sonreírle al cielo. Doy patadas a los charcos como si bailara claqué. Está claro que aún no se qué son los prejuicios. Es algo mucho más sencillo: me sale del alma.
Estas cosas sucedían cuando aún llovía..
Termina el temporal como si hubiera sido una broma.
Abro los ojos.
Estoy en medio del parque.
Sola. No me había dado cuenta en ningún momento de que estaba sola. Esta es la primera vez que me cercioro de que, ante muchas de las percepciones que tendré en la vida, estaré sola.
Miro hacia los árboles . A cubierto, la muchedumbre me está mirando. Tienen los ojos como platos y la boca entreabierta, como si alguien les hubiera extraído una flauta.
Todos me miran.
Me acabo de dar cuenta de que soy rara.
Y me encanta.




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