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jueves, 11 de diciembre de 2014

La Planta Madre



Agradezco a mi linaje familiar, mis abuelos y mis padres por transmitir en las tradiciones de nuestros pueblos. Agradezco a mi madre, mujer andina y mujer medicina cuyo espíritu me acompaña bendiciendo cada amanecer. 
Agradezco a la Pachamama por que donde me encuentre nutre mis esperanzas y a los habitantes de las montañas que se encargan de cuidar mis pasos.

Violeta comenzaba con este ritual de agradecimiento siempre que se disponía a celebrar una ceremonia de sanación , o simplemente a enseñar algunos de sus arcaicos secretos medicinales , heredados de sus antepasados.
Tenerla en casa me permitió conocerla de cerca, sobre todo percibir a lamujer madredetrás de lamujer curandera,  aunque ella era igual en todas partes; era humilde, íntegra, sincera, una persona honesta cuyo corazón se irradiaba a través de su mirada, sus gestos, sus cantos de Ícaros.  
Pero también pude ver su parte aguerrida,  la mujer jaguar dentro de ella,  una posición femenina del curanderismo que yo suponía que era de hegemonía masculina.

Sentadas al calor de los fogones, Violeta abrió su cuaderno verde, gastado de tanto uso, y con su dedo indice fue recorriendo fórmulas magistrales escritas , hasta que una sonrisa en su rostro reveló que dio con la planta que hoy quería mostrarme y con la que posiblemente confeccionaríamos una medicina.

Esta selva amazónica en la que vivimos , comenzó a leer, tiene una geografía difícil, con infinidad de zonas boscosas, ríos,lagunas, árboles de mil tamaños y millones de formas de vida. Así como existe este gran bosque que ahora nos cobija, también cada uno de nosotros tiene un bosque interior.

Si quieres curar tu cuerpo debes comenzar por curar tu espíritu. De un modo u otro , cuando quieras dar este paso te encontrarás con una fascinante puerta que tendrás que cruzar, al hacerlo encontrarás tu bosque  interior.

Mientras Violeta leía yo sentía que tocaba mi corazón con sus palabras , disfrutaba de ese momento único , de ese tiempo que cruzábamos de compañeras y hermanas , de la oportunidad que nos traía el día, de la inspiración y del entusiasmo . Entre tanto , el café borboteaba y ya había esparcido su aroma por toda la cocina  y algo me hizo sospechar que aprender es un modo de vida que incluye enseñar lo aprendido.

Para curarnos , continuó Violeta, debemos explorar el bosque interior.
Este no solo presenta áreas frondosas llenas de vida, flores, magia y color. En el bosque que llevamos dentro también hay inmensas áreas inexploradas y de aparente inaccesibilidad. La clave de este sendero de luz conlleva a redescubrir en nosotros mismos cuanto sea posible conocer.
En general es un viaje que puede tomar mucho tiempo, incluso todo lo que te resta de vida.
Sin embargo no es importante el tiempo sino la calidad de la experiencia que vamos adquiriendo. 
Esto se llama auto conocimiento, y  de allí parte toda curación espiritual.
Así concluyó mi maestra y así se cerró la sesión con la planta madre.