Agradezco a mi linaje familiar, mis abuelos y mis padres por transmitir en mí las tradiciones de nuestros pueblos. Agradezco a mi madre, mujer andina y mujer medicina cuyo espíritu me acompaña bendiciendo cada amanecer.
Agradezco a la Pachamama por que donde me encuentre nutre mis esperanzas y a los habitantes de las montañas que se encargan de cuidar mis pasos.
Violeta
comenzaba
con
este
ritual
de
agradecimiento
siempre
que
se
disponía
a
celebrar
una
ceremonia
de
sanación
,
o
simplemente
a
enseñar
algunos
de
sus
arcaicos
secretos
medicinales
,
heredados
de
sus
antepasados.
Tenerla
en
casa
me
permitió
conocerla
de
cerca,
sobre todo percibir a la“mujer madre” detrás de la “mujer curandera”, aunque ella era igual en todas partes; era humilde, íntegra, sincera, una persona honesta cuyo corazón se irradiaba a través de su mirada, sus gestos, sus cantos de Ícaros.
Pero también pude ver su parte aguerrida, la mujer jaguar dentro de ella, una posición femenina del curanderismo que yo suponía que era de hegemonía masculina.
Sentadas
al
calor
de
los
fogones,
Violeta
abrió
su
cuaderno
verde, gastado
de
tanto
uso,
y con
su
dedo
indice
fue
recorriendo
fórmulas
magistrales
escritas
,
hasta
que
una
sonrisa
en
su
rostro
reveló
que
dio
con
la
planta
que
hoy
quería
mostrarme
y
con
la
que
posiblemente
confeccionaríamos
una
medicina.
Esta selva amazónica en la que vivimos , comenzó a leer, tiene una geografía difícil, con infinidad de zonas boscosas, ríos,lagunas, árboles de mil tamaños y millones de formas de vida. Así como existe este gran bosque que ahora nos cobija, también cada uno de nosotros tiene un bosque interior.
Si quieres curar
tu cuerpo debes comenzar por curar tu espíritu. De un modo u otro , cuando quieras dar este paso te encontrarás con una fascinante puerta que tendrás que cruzar,
al hacerlo
encontrarás tu bosque interior.
Mientras Violeta leía yo sentía que tocaba mi corazón con sus palabras , disfrutaba de ese momento único ,
de ese tiempo que cruzábamos de compañeras y hermanas , de la oportunidad que
nos traía el día, de la inspiración y del entusiasmo . Entre tanto , el café
borboteaba y ya había esparcido su aroma por toda la cocina y algo me hizo sospechar que aprender es un
modo de vida que incluye enseñar lo aprendido.
Para curarnos , continuó Violeta, debemos explorar el bosque interior.
Este no solo presenta áreas frondosas llenas de vida, flores, magia y color. En el bosque que llevamos dentro también hay inmensas áreas inexploradas y de aparente inaccesibilidad. La clave de este sendero de luz conlleva a redescubrir en nosotros mismos cuanto sea posible conocer.
En general es un viaje que puede tomar mucho tiempo, incluso todo lo que te resta de vida.
Sin embargo no es importante el tiempo sino la calidad de la experiencia que vamos adquiriendo.
Esto se llama auto conocimiento, y de allí parte toda curación espiritual”.
Así concluyó mi maestra y así se cerró la sesión con la planta madre.
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